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Vigilancia laboral y judicial

El año próximo el 80 por ciento de las grandes empresas vigilarán los mails de sus empleados, según IDC.

Desde que se volvió popular, el e-mail estuvo vigilado: ya en 1994 la Organización Internacional del Trabajo (de la ONU) advertía que el 40 por ciento de las compañías vigilaban los de sus empleados. Es que hacerlo no resulta difícil. Hay programas que, instalados en una red interna, controlan cada mensaje que envió o recibió un empleado. Muchos de ellos dan un completo reporte sobre el destino, el origen, el tema y el tamaño de cada uno y hasta algunos husmean el texto.

IDC calculó que en el año que viene, el 80 por ciento de las compañías más grandes usarán sistemas de vigilancia. AT&T, por ejemplo, monitorea el más de un millón de mails internos que reciben sus empleados a diario, y las decenas de millones de páginas web que visitan. En Latinoamérica, no se sabe cuántas empresas lo hacen. Lo que no significa, según los expertos, que no las haya. Sólo, que no le avisan a sus empleados.

Pero mientras la invasión a la privacidad se extiende, también crece la lucha por los derechos civiles. Karen Coyle, vocera de la asociación Computer Professionals for Social Responsibility dijo: "Los empleados tienen derecho a saber cuándo sus comunicaciones son privadas y cuándo no". Y su opinión tiene fundamentos: una ley en el estado de California prohíbe a los jefes entrar en los mails de sus trabajadores, sin aviso previo. Además, un fallo del 2 de noviembre de la justicia francesa decidió que los e-mails son tan privados como la correspondencia en papel. Y condenó a los directivos de una universidad parisina a pagar dos mil francos (unos 2.673 dólares) a una ex alumna por haber vigilado los mails que enviaba a otra compañera.

Mientras tanto, juristas y jurados ven los e-mails como prueba en un juicio, argumentando que demuestran más fielmente que otros medios de comunicación, los verdaderos pensamientos de su autor. Adam Fanaki, del estudio canadiense Borden & Elliott, lo explicó así: "las personas que normalmente son desconfiadas parecen abandonar todas esas precauciones". Algo que pasa porque no saben que el contenido de sus mensajes puede ser rastreado aun después de borrado ni que sus propias empresas tienen sistemas de vigilancia con cara de software.

Uno de los ejemplos en los que los mails fueron tomados como parte de un juicio fue en el caso del Ministerio de Justicia y 19 estados contra Microsoft, acusado de monopolista. Otro fue el impeachment presidencial que se llevó a cabo contra Bill Clinton, el ex presidente de los Estados Unidos, por su affaire con la becaria Monica Lewinsky.

"Los e-mails pueden ser más permanentes que las cartas escritas en papel", dijo Fanaki. Sobre todo, porque las empresas hacen backups de sus contenidos, por cuestiones de seguridad y eso complica saber si un mensaje fue realmente borrado. Es Fanaki quien llama a este hecho "el síndrome del mensaje que nunca puede morir".

 

Webmaster Webmaster@mundojudicial.com
Ultima Actualización 13/01/02 21:17